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Lo Que Creemos

1. La Biblia es la Palabra divinamente inspirada por Dios, y la verdad de Dios para el hombre (II Timoteo 3:16). 

2. Dios, el Padre, es el Creador eterno (Génesis 1:1;  I Juan 1:3), Sustentador  (Hebreos 1:3;  II Timoteo 4:18) y Juez de Su universo (Hebreos 12:23).

3. Jesucristo, nacido de la Virgen María, es el encarnado Hijo unigénito de Dios. No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).

4. El hombre fue llevado a la esclavitud de Satanás por su obediencia al enemigo. Jesucristo, por lo tanto, llegó a ser el Redentor, muriendo en la cruz y derramando Su sangre preciosa como el precio de rescate por los pecadores (Hechos 20:28), para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).

5. Jesús prometió dar a Sus seguidores al Espíritu Santo, quien los dotaría con poder altísimo para poder ser testigos, empezando en casa y alcanzando hasta lo último de la tierra  (Lucas 24:28; Hechos 1:8).

6. Jesucristo gustó la muerte por todos (Hebreos 2:9) y fue eternamente y victoriosamente resucitado en el tercer día (I Corintios 15:3-4). Todo aquel que en Él cree heredará redención completa (Romanos 10:9).

7. Reconociendo esto, les conviene a Sus seguidores vivir en todo aspecto una vida pura y en santidad como Él lo hizo, sabiendo que seremos recompensados y juzgados conforme a las obras hechas en la carne (Hebreos 12:14; Mateo 16:27).

8. Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Hebreos 9:27).

9. Así como los discípulos de Jesús en el Monte de los Olivos lo vieron ir, en igual manera Él vendrá (Hechos 1:11) y todo ojo lo verá  (Apocalipsis 1:7). Aquellos quien lo rechazaron y traspasaron llorarán a causa del rechazo hacia El (Zacarías 12:10).  Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que El es el Señor para la gloria de Dios (Filipenses 2:10-11).  

10. Los santos y fieles reinarán y vivirán con Él (Apocalipsis 22:5). Toda maldad será destruida con el resplandor de Su venida (II Tesalonicenses 2:8). Los reinos de esta tierra llegarán a ser reinos de nuestro Dios y de Su Cristo. De Su reino no habrá fin (Apocalipsis 11:5; Lucas 1:33).